
¿Es vuestro tobillo el que decide cuándo termina el partido?
Conocéis el movimiento exacto que duele. Lo anticipáis antes incluso de que llegue. Modificáis vuestro juego alrededor de ese miedo, sin que vuestros compañeros se den cuenta.
Un mal cambio de dirección. Un aterrizaje imprevisto. Y semanas fuera de la pista por algo que duró un segundo.
El juego no espera a que el tobillo esté listo
El tobillo cede en un momento, en el pivot, en el aterrizaje, en el arranque hacia adelante. La doble correa cruzada bloquea exactamente ese momento. No después, no casi, exactamente ahí.
Volved a jugar vuestros ángulos. Sin calcular. Sin frenar antes del momento difícil.


